
La
Elección, no un Desanimo para el Alma Buscadora
Un
Sermón
(No. 553)
Predicado domingo en la mañana, el 7 de febrero 1864, por el Rev. C. H.
SPURGEON,
En el Tabernáculo Metropolitano en Newington
“y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré
clemente para con el que seré clemente.” - Éxodo 33:19.
PORQUE DIOS ES EL HACEDOR, y creador, y sustentador de todas las cosas,
él tiene derecho de hacer como él quiere con todas sus obras. “¿Dirá el
vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene
potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso
para honra y otro para deshonra?” La supremacía[1]
absoluta de Dios y su soberanía[2]
sin límites naturalmente fluyen de su omnipotencia, y si no fuera así,
la excelencia suprema del carácter divino le darían derecho a un dominio
absoluto. El que es mejor debe ser jefe. El que no puede errar, siendo
perfecto en sabiduría; el que no errará, siendo tan perfecto en
santidad; el que no puede hacer mal, siendo supremamente justo; el que
ha de actuar de acuerdo con los principios de bondad, viendo que el es
esencialmente amor, es la persona mas adecuada para reinar. No me diga
que las criaturas se reinan solas: ¡que caos sería! No hable de un
republico supuesto de toda existencia creada, controlándose y guiándose
a sí mismos. Todas las criaturas colocadas juntas, con su sabiduría y
bondad combinadas – si en verdad no fueran necedad y maldad combinadas –
todas esas, yo digo, con toda la excelencia del conocimiento, juicio, y
amor, que con las imaginaciones mas fervientes puedan suponer que
posean, no podrían ser iguales a los del gran Dios cuyo nombre es
santidad, cuya esencia es amor, a quien pertenece todo el poder, y a
quien solamente se le debe adscribir sabiduría. Deje que el reine
supremamente, porque el es infinitamente superior a toda otra
existencia. Aun si el no reinara actualmente, los sufragios[3]
de todos los sabios escogerían al Señor Jehová a ser el monarca absoluto
del universo; y si todavía no fuera Rey de reyes y Señor de señores,
haciendo como el quiere entre los ejércitos del cielo y entre los
habitantes de este mundo abajo, sería el sendero de sabiduría levantarlo
a tal trono. Desde que los hombres han pecado, llega a haber más razón,
o un alcance más amplio para demostrar la soberanía. La criatura, como
criatura, se puede suponer tener algún derecho sobre el Creador; a lo
menos puede esperar que el no le causará dolor intencionalmente y
despóticamente[4];
que el no causará arbitrariamente[5]
y sin causa o necesidad su existencia a ser de miseria. Yo no me
aventuraré a juzgar al Señor, pero yo pienso que sería completamente
incompatible con su bondad que el hubiera hecho una criatura, y como
criatura la hubiera condenado a miseria. La justicia parece demandar que
no habrá castigo donde no hay pecado. Pero el hombre ha perdido todos
sus derechos como criatura. Si es que tenía algún derecho, pecó y así lo
perdió. Nuestros primeros padres pecaron, y nosotros, sus hijos, nos
hemos condenado[6]
por medio de una traición alta contra nuestro fiel y soberano Señor. Lo
único que un Dios justo nos debe a alguno de nosotros, según nuestro
derecho, es ira y disgusto. Si el nos diera según merecemos ya no
permaneceríamos sobre tierra de oración, respirando el aire de
misericordia. La criatura delante de su Creador, ahora tiene que
mantenerse silencia bajo cualquier demanda sobre él; no puede requerir
nada de él como un asunto de derecho. Si el Señor quiere demostrar
misericordia, así será; pero si él la detiene, ¿Quién le puede pedir
cuentas? “¿No puedo hacer lo que quiero con lo mío?” es una respuesta
adecuada a las investigaciones arrogantes; porque el hombre ha pecado
resultando en una salida de la corte, y no le queda ningún derecho de
apelar[7]
la sentencia del Altísimo. El hombre ahora está en la posición de un
criminal condenado, quienes único derecho es ser llevado al lugar de
ejecución y justamente sufrir la recompensa justa de sus pecados.
Entonces cualquiera diferencia de opinión que pudo haber acerca de la
soberanía de Dios ejercida sobre las criaturas en la pura masa, no debe
de haber ninguna, no habrá ninguna en relación con la soberanía de Dios
sobre los rebeldes que han pecado hasta la ruina eterna y han perdido
todo derecho de misericordia, mucho mas el amor de su Creador ofendido,
excepto en los espíritus rebeldes.
Sin
embargo, si todos estamos de acuerdo o no, sobre la doctrina de que Dios
es soberano, le importa muy poco a él, porque él lo es.
De jure, por derecho él debe
serlo; de facto, en realidad
él lo es. Es realidad, concerniendo lo cual usted solamente tiene que
abrir sus ojos y ver que Dios actúa como soberano en la dispensación de
su gracia. Nuestro Salvador, cuando él quería citar instancias de esto,
habló así: había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías el
profeta, pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, salvo a Sarepta, una
ciudad en Sidón, a una mujer quien era viuda. ¡Aquí fue elección! Elías
no es enviado a nutrir y ser nutrido por una viuda israelita, sino a una
pobre idolatra de aquel lado de la frontera, la bendición del
compañerismo del profeta es otorgada por gracia. También dice nuestro
Salvador, “Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta
Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.” – no
fue israelita en ninguna manera, sino que se inclinaba en la casa de
Rimón. ¡Vea como la gracia distinguidora encuentra objetos extraños!
Aunque nuestro Salvador solo dio estas dos instancias y ninguna más,
porque fueron suficientes para su propósito, hay miles de tales casos en
record. Mire al hombre y a los ángeles caídos. ¿Cómo es que los ángeles
caídos están condenados a un fuego eterno, y reservado en cadenas de
oscuridad hasta el gran día? No hay ningún Salvador para los ángeles;
ninguna sangre preciosa se derramó por Satán. Lucero cae, y cae para
siempre, sin volver a la esperanza. No hay dispensación de misericordia
para los espíritus mas nobles; sino que el hombre que fue hecho menor
que los ángeles, es seleccionado para ser el objeto de redención divina.
¡Que gran profundidad es aquí! Esta es una instancia mas ilustre e
indisputable del ejercicio de las prerrogativas[8]
de la soberanía divina. Mire también a las naciones de la tierra. ¿Por
qué se predica ahora el evangelio a nosotros los ingleses? Nosotros
hemos cometido tantas ofensas – Y aun aventuraré a decir que nosotros
hemos perpetrado[9]
tantos crímenes políticos como las otras naciones. Nuestro ojo es
siempre predispuesto hacia todo lo que es ingles; pero si leemos nuestra
historia justamente, nosotros podemos descubrir en el pasado y detectar
en el presente faltas graves y serias que desgracian a nuestra bandera
nacional. Pasarlas como ofensas menores los recientes hechos salvajes en
Japón, y nuestras guerras frecuentes de exterminación en Nueva Zelanda,
y en el Cabo, deje que rojee la mejilla de cada habitante de las Islas
Británicas cuando solamente insinuamos del trafico de opio[10]
con China. Pero a nosotros se nos envía el evangelio por gracia, así que
hay pocas naciones que se gozan completamente de ello como nosotros. Es
verdad que Prusia y Holanda oyen la Palabra, y que Suecia y Dinamarca
son consolados por la verdad, pero su vela arde opacamente; es una
lámpara parpadeando pobremente que alegra su oscuridad, mientras en
nuestra propia querida tierra, en parte por nuestra libertad religiosa,
y aun mas gratuitamente por el avivamiento reciente, el sol del
evangelio resplandece fuertemente, y los hombres se regocijan en la luz
del día. ¿Por qué es así? ¿Por qué no hay gracia para los japoneses?
¿Por qué no se predica el evangelio a los habitantes en el centro de
África? ¿Por qué no fue demostrada le verdad del evangelio en el
Catedral de Santiago en vez de las murmuraciones y necedades que
desgraciaron a los engañados y a los engañadores, y que fueron la causa
verdadera de los incendios horribles de aquel Tofet[11]
moderno? ¿Por qué es ahora Roma la silla de la bestia en vez de ser el
trono de Jesucristo? No le puedo decir. Pero seguramente, la soberanía
divina que pasa por alto a muchas razas de hombres, se ha agradado
arrojarse sobre la familia Anglo – sajona, para que ellos sean lo que
fueron los judíos antes, los conservadores de la verdad divina, y los
favoritos de la gracia poderosa.
Ya
no necesitamos hablar de elecciones nacionales, porque el principio
claramente se lleva a cabo en los individuos. Ven algo, mis hermanos, en
aquel publicano rico quienes arcas son hartadas de los resultados de su
extorsión, cuando él sube al árbol sicómoro para que su estatura corta
no le impida ver al Salvador – ven algo en él para que el Señor de
gloria se pare debajo de aquel árbol sicómoro y diga, “Zaqueo, date
prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”
¿Pueden encontrarme una razón de porque aquella mujer adultera, quien ha
tenido cinco esposos, y ahora vive con uno que no es su esposo,
constriña al Salvador viajar por Samaria para que pueda decirle del agua
de vida? Si usted puede ver algo, yo no puedo. Mire a aquel fariseo
sediento de sangre que se apresura a Damasco con autoridad de llamar a
hombres y a mujeres a la cárcel, y derramar su sangre. El calor del
mediodía no le puede detener porque su corazón está más caluroso con ira
religiosa que el sol con sus rayos del mediodía. Pero miren, él es
arrestado en su carrera, un fulgor resplandece alrededor de él; Jesús
habla del cielo las palabras de una reprensión tierna; y Saulo de Tarso
llega a ser Pablo, el apóstol de Dios. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué
respuesta podemos dar sino esta? “Padre, porque le pareció bueno en su
vista.” Lea “La Vida de Juan Newton;” ¿No se había vuelto a lo peor de
todos los malos? Volteen a la historia de Juan Bunyan, por su propia
confesión el mas bajo de los de “la guardia negra[12]”,
y díganme si pueden encontrar en uno de esos dos alguna clase de razón
de ¿por qué el Señor los escogería para ser entre los mas distinguidos
de los heraldos de la cruz? Ningún hombre en su juicio cabal se
aventurará acertar que había algo en Newton o Bunyan que daba razón de
que serían absorbidos de la estima del Altísimo. Fue soberanía, y nada
sino soberanía. Tomen su propio caso, queridos amigos, y eso será lo que
mas les convence. Si usted sabe algo de su propio corazón, si usted se
ha formado un buen cálculo de su propio carácter, si usted ha
considerado seriamente su propia posición delante del Altísimo, la
reflexión de que Dios lo ama con un amor eterno, y que entonces con la
banda de su amor él le ha atraído, le sacará de repente la exclamación,
“No a nosotros, O Señor, no a nosotros, sino a su nombre dé la gloria,
por causa de su misericordia y verdad.” ¡Hermanos! Todo el mundo está
lleno de instancias de la soberanía divina, porque en cada conversación
algún rayo del dominio absoluto de Dios resplandece sobre la humanidad.
Cuando un pecador es molestado angustiosamente acerca de los asuntos de
su salma, su pensamiento principal y mayor no debe de ser sobre este
tema[13];
cuando uno hombre quiere escapar de la ira y alcanzar el cielo, su
primero, ultimo, y intermedio pensamiento debe de ser la cruz de Cristo.
Como un pecador despertado, yo tengo mucho menos que ver con los
propósitos secretos de Dios, que con sus mandamientos revelados. Para un
hombre decir, “Mandas que todos los hombres se arrepientan, pero yo no
me voy a arrepentir porque yo no sé si soy escogido para vida eterna,”
no es solamente sin razón, pero malo en exceso. Usted verá claramente
con un momento de reflexión, que no tiene razón. Yo sé que el pan no
nutre mi cuerpo en sí porque, “No solo de pan vivirá el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios.” Entonces depende del decreto
de Dios que si aquel pan nutrirá mi cuerpo o no; porque si él no lo ha
propuesto así, puede hasta ahogarme y así llegar a ser la causa de mi
muerte en vez del sustento de mi vida. Entonces cuando tenga hambre,
¿meto mis manos en los bolsillos y me paro allí quietamente rehusando
servirme de aquella mesa bien servida, porque yo no sé si Dios haya
decretado que el pan me alimente o no? Si así lo hiciera, entonces soy
tonto o loco; o si estoy sano, y me estoy matando de hambre en tal
simulación, yo sobremanera merezco la sepultura de un suicidio. Yo no
estoy absolutamente seguro que habrá una cosecha de mi campo el año
siguiente: al menos que Dios haya ordenado que el elote crezca y se
madure, toda mi sementera será labor perdida. Hay gusanos en la tierra,
escarcha en el aire, pájaros en el cielo, añublo en los vientos – todos
los cuales pueden destruir mi elote, y puedo perder cada grano de los
puñados que echo en los surcos. Entonces, ¿dejaré que mi granja se
convierta en barbecho perpetuo, porque yo no sé si Dios haya decretado
que habrá una cosecha el año siguiente o no? Si me quedo bancarrota – si
no puedo pagar la renta – si el espino y el cardo crecen mas altos, y
si, por fin, el dueño me corre de la casa, y todo lo que digan los
hombres será, “¡él se lo mereció!” – porque yo fui tan necio como para
hacer de los propósitos secretos de Dios un asunto de consideración de
suma importancia, en vez de llevar a cabo mi propia tarea. Yo estoy
enfermo y adolorido; un medico viene a mí con medicina. No estoy seguro
que esta medicina me va a curar; ha curado a muchos otros, pero si Dios
ha decretado que voy a morir, moriré, no importe que tome cualquier
cantidad de medicina, o que no tome nada. Mi brazo se me gangrena, pero
no me lo voy a cortar porque no estoy seguro si Dios haya decretado que
me voy a morir de gangrena o no. ¿Quién sino un tonto alocado o un
lunático delirante hablaría así? Cuando yo pongo el caso en esta luz,
todos ustedes responden, “Nadie nunca habla de esta forma; es demasiado
absurdo.” Es verdad que nadie lo hace así. Y en verdad aun en las cosas
de Dios, nadie en verdad argumenta de esta forma. Tal vez un hombre
dirá, “No voy a creer en Cristo porque tengo miedo de que no soy
elegido;” pero esta cosa es tan tonta, tan absurda, que yo no creo que
ningún hombre, que no sea absolutamente demente, pueda ser tan
enormemente necio como para creer su propio razonamiento. Estoy
inclinado a pensar que es un malvado y perverso método de procurar
apaciguar la conciencia, en la teoría que una excusa mala es mejor que
ninguna, y que aun un argumento necio es mejor que tener su boca callada
en confusión muda.
Pero
porque los hombres siempre estarán llegando a este punto, y hay tantos
que ya dan esto como una razón de porque no creen en el Señor
Jesucristo, porque, “Así que no depende del que quiere, ni del que
corre; sino de Dios que tiene misericordia”, yo intentaré en esta
mañana, hablar con estas personas en su propio terreno; y procuraré, por
la ayuda del Espíritu Santo, mostrar que la doctrina de la soberanía de
Dios es muy lejos de ser un desánimo para alguien, y si es considerada
bien, no tiene ningún tipo de desánimo para que las almas no crean en
Jesucristo.
Por
un momento déjenme detenerles de mi objeto, mientras replico a un método
común que mal representa la doctrina. Puede hacer bien comenzar con una
idea clara de lo que significa esta doctrina en verdad. Los que se nos
oponen ponen el caso así: suponga que un padre condena a algunos de sus
hijos a miseria extrema, y a otros los hace supremamente contentos, de
su propia voluntad arbitraria, ¿Sería derecho y justo? ¿No sería brutal
y detestable? Mi respuesta es,
claro que sí sería; sería execrable al grado más alto, y lejos, muy
lejos sea de nosotros imputar[14]
tal curso de acción al Juez de toda la tierra. Pero en el dicho caso es
ni siquiera el caso bajo consideración, sino que es tan opuesto como la
luz de las tinieblas. El hombre pecador ahora no está en la posición de
un niño que merece el bien o inocente, ni ocupa Dios el lugar de un
padre autocomplaciente. Supondremos otro caso para llegar mucho mas
cerca de la marca, en verdad no es una suposición, sino una descripción
exacta del asunto entero. Muchos criminales, culpables del crimen más
agraviado y detestable, son justamente condenados a morir, y han de
morir, a menos que el rey ejerce su prerrogativa investida en él, y les
da perdón gratuito. Porque si por buenas y suficientes razones,
solamente conocidas a él, el rey escoge dar perdón a un cierto número, y
dejar a los demás para la ejecución, ¿Hay algo cruel o injusto ahí? Si
por algunos medios sabios, los fines de justicia se pueden contestar
mejor por el acto de librar a los perdonados que por su condenación,
mientras al mismo tiempo, el castigo de algunos tiende a honrar la
justicia del dador de la ley, ¿Quién se atreverá a encontrar una falta?
Yo aventuraré a decir que ninguno sino los que son los enemigos del
estado y del rey. Y así podemos preguntar, “¿Que hay injusticia en Dios?
En ninguna manera.[15]”
“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder,
soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para
destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró
para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para
gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de
los judíos, sino también de los gentiles?[16]”
¿Quién es el que quiere impugnar[17]
la misericordia mezclada y la severidad del cielo, o hacer del Dios
eterno un ofensor, porque “de quien quiere, tiene misericordia”? Ahora
vamos a proceder a nuestro tema apropiado y procurar aclarar esta verdad
de los terrores que supuestamente la rodean.
I.
Vamos a comenzar con esta aserción, de la cual estamos absolutamente
seguros que es correcta: ESTA DOCTRINA NO SE OPONE AL CONSUELO DERIVADO
DE OTRAS VERDADES ESCRITÚRALES.
Esta
doctrina, por la más severa que aparece, no se opone a la consolación
que con derecho se puede derivar de cualquier otra verdad de revelación.
Los que mantienen la teoría de libre voluntad, dicen que nuestra
doctrina, que la salvación es solamente del Señor, y que él tendrá
misericordia de quien tenga misericordia, quita del hombre el consuelo
que se puede derivar de la bondad
de Dios. Dios es bueno, infinitamente bueno en su naturaleza. Dios
es amor; el no quiere la muerte de ninguno, sino que quiere que todos
vengan al arrepentimiento. “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero
la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que
viva”. Nuestros amigos insisten apropiadamente en que Dios es bueno para
con todos, y que sus misericordias tiernas están sobre todas sus obras;
que el Señor es lleno de misericordia y gracia, lento para la ira, y
abundante en misericordia; déjenme asegurarles que nunca nos vamos a
pelear sobre estos puntos, porque nosotros también nos regocijamos en
los mismos hechos. Algunos han escuchado mi voz por estos diez años: le
pregunto que ¿si ustedes me han oído pronunciar una sola frase que
contradiga la doctrina de la gran bondad de Dios? Puede que usted lo
haya interpretado así por error, pero tal enseñanza no ha pasado por mi
labio. ¿No aserto[18]
vez tras vez la benevolencia universal de Dios – la infinita bondad que
rebosa del corazón del Altísimo? Si algún hombre puede predicar sobre el
gran texto, “Dios es amor”, aunque yo no pueda predicarlo con la misma
elocuencia, yo me aventuraré ver con él, la decisión, cordialidad,
seriedad, y claridad, con las cuales él pueda exponer su tema, sea quien
sea, o sea que sea. No hay ni una sombra en absoluto de conflicto entre
la soberanía de Dios y la bondad de Dios. El puede ser soberano, y
todavía puede ser absolutamente cierto que el siempre actuará en la
forma bondadosa y amorosa. Es verdad que él hará como él quiere; y es
muy cierto que él siempre quiere hacer lo que es lleno de bondad y
gracia, en la vista más amplia. Si los hombres de tristeza reciben algún
consuelo de la bondad de Dios, la doctrina de elección nunca les
impedirá. Solamente note que con una espada de dos filos corta en
pedazos aquella falsa confianza en la bondad de Dios que manda a muchas
almas al infierno. Hemos oído a hombres que se mueren cantándose al
abismo con esta cancioncita, “Si señor, soy un pecador, pero Dios es
misericordioso; Dios es bueno.” ¡Ah! Amigos queridos, dejen que los
tales recuerden que Dios es tan justo como es bueno, y que él de ninguna
manera librará al culpable, sino por medio de la gran expiación de su
Hijo Jesucristo. La doctrina de elección entra en una manera muy bendita
y honesta y rompe el cuello, una vez por
todas, toda la confianza falsa e infundada en la misericordia de
Dios que no está de acuerdo con su pacto. Pecador usted no tiene derecho
de confiar en la bondad de Dios afuera de Cristo. No hay ninguna palabra
en todo el Libro de Inspiración, que da una sombra de esperanza al
hombre que no quiere creer en Jesucristo. Dice de él, “el que no cree,
ya ha sido condenado”. Declara de usted, quien descansa en tal pobre
confianza como el favor no prometido del cielo, “Porque nadie puede
poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo el
justo.”[19]
Si es una maldad robarle su refugio falso, la doctrina de elección
ciertamente hace esto; pero del consuelo que se deriva apropiadamente de
la vista más amplia de la bondad abundante de Dios y amor ilimitado,
elección no detrae un solo grano.
Mucho consuelo también fluye a una conciencia atribulada de
la promesa que Dios oirá oración.
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que
llama, se le abrirá.” Si usted pide algo a Dios en el nombre de
Jesucristo, usted lo recibirá. Ahora, hay algunos que se imaginan que no
deben de orar porque no saben si son del pueblo escogido de Dios. Si
usted rehúsa orar basándose en un razonamiento tan malo como este, usted
tiene que hacerlo a su propio costo; pero note nuestra seguridad
solemne, por la cual tenemos la orden de Dios, que no hay nada en la
soberanía de Dios que lucha ni aun un poco contra la gran verdad de que
cada alma que busca sinceramente, hambreada por la divina gracia por
medio de oración humilde por Jesucristo, encontrará. Tal vez hay un
hermano arminiano[20]
aquí que le gustaría pararse en este pulpito y predicar la verdad
alegre, que Dios no ha dicho a la simiente de Jacob, buscas mi rostro en
vano. No solamente concordamos darle plena libertad de predicar esta
doctrina, sino que iremos tan lejos como el puede, y tal vez mas allá en
la enunciación de aquella verdad. No podemos percibir ninguna
discrepancia[21]
entre elección personal y el predominio de oración. Dejen a los que
puedan, molestar sus cerebros con la tarea de reconciliarlos; para
nosotros la maravilla es como puede un hombre creer el uno sin el otro.
Firmemente yo he de creer que el Señor Dios mostrará misericordia a
quien muestre misericordia, y tendrá compasión del que tenga compasión;
pero aseguradamente yo sé que donde está la oración genuina, Dios la
dio; que donde está uno que busca, Dios lo hizo buscar; consecuentemente
si Dios ha hecho que el hombre busque y le hizo orar, hay evidencia en
seguida de elección divina; y el hecho es verdad que no hay quien busque
que no hallará.
También mucho consuelo se supone ser derivado, y naturalmente así, de
las invitaciones gratuitas del
evangelio. “Ah,” clama uno, “que cosa tan dulce que el Salvador
clamó, Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os
haré descansar. Que deleitoso es leer palabras como estas, A todos los
sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad
y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. Señor mi
corazón es animado cuando hallo escrito, Y el que tiene sed, venga; y el
que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Pero, señor, no me
atrevo venir por causa de la doctrina de elección.” Mi oyente querido,
no le diría nada ásperamente, pero tengo que expresar mi convicción de
que esto es solamente una excusa mala para que no haga lo que usted no
quiere hacer; porque las invitaciones del carácter mas general, aunque
sean invitaciones universales en su alcance, son perfectamente
consistentes con la elección de Dios. Ustedes saben que he predicado
invitaciones tan libres como las que procedían de los labios del Maestro
Juan Wesley. Van Armin sí mismo, el fundador de la escuela arminiana, no
podía haber suplicado mas honestamente al mas vil de los viles a venir a
Jesús, que lo que yo he hecho. Entonces ¿he sentido yo que había una
contradicción aquí? No, nada de esta clase; porque yo sé que es mi deber
sembrar junto a todas aguas, y como el sembrador de la parábola, echar
semilla sobre el pedregal, tal como sobre la tierra buena, sabiendo que
la elección no hace estrecha la llamada evangélica que es universal,
pero solamente afecta la llamada eficaz, que es y ha de ser del Espíritu
de Dios. Es mi negocio dar la llamada general, el Espíritu Santo se
encargará de su aplicación a los escogidos. O mis oyentes queridos, las
invitaciones de Dios son invitaciones honestas
a cada uno de ustedes. El le invita; en las palabras de la
parábola que él dirige, “Todas las cosas están listas; venid a la cena,
mis toros y becerros ya están matados.”[22]
Pero el dice a sus ministros, “Vé por los caminos y por los vallados, y
fuérzalos a entrar”. Aunque el sabe desde antemano quien va a entrar, y
delante de todos los mundos ha ordenado quien probará de aquella cena,
la invitación es en su alcance mas amplio posible, es verdadera y
honesta; y si usted la acepta así la encontrará.
Además si nosotros entendemos algo
del evangelio, el evangelio se encuentra en la concha de una nuez[23].
Es así: - “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” O
para usar las palabras de Cristo, “El que creyere y fuere bautizado,
será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Esta promesa es el
evangelio. Ahora, el evangelio es verdadero, lo demás puede ser falso.
Cualquier doctrina puede o no puede ser de Dios, el evangelio
ciertamente es. La doctrina de la gracia soberana no es contraria al
evangelio, sino que perfectamente concuerda. Dios tiene un pueblo que
ningún hombre nombrará, quien él ha ordenado para vida eterna. Esto en
ninguna manera está en conflicto con la gran declaración, “El que en él
cree, no es condenado;” Si un hombre que vive o que vivirá cree en
Jesucristo, él tiene vida eterna. Elección o no elección, si usted está
descansando en la roca de la eternidad usted es salvo. Si usted como un
pecador culpable toma la justicia de Cristo – si todo negro, horrible, y
sucio usted viene a lavarse en la fuente llena de sangre, soberanía o no
soberanía, asegúrese de esto, que usted es redimido de la ira que viene.
O mis queridos amigos, cuando usted dice, “Yo no creeré en Cristo por
causa de la elección,” yo solamente puedo decir como Job a su esposa,
“Usted habla tal como habla una mujer necia.” Como es que se atreve
usted, porque Dios le revela dos cosas, de las cuales usted no puede
escuadrar el uno con el otro - ¿Cómo se atreve a cargar el uno o el otro
con ser falso? Si yo creo en Dios, yo no solo debo de creer lo que puedo
entender, sino lo que no puedo entender; y si hubiera una revelación que
podía comprender y sumar como para contarlo con mis cinco dedos, debo
estar seguro que no proviene de Dios. Pero si tiene algunas
profundidades demasiadas hondas para mi – algunos nudos que no puedo
desamarrar – algunos misterios que no puedo resolver – yo lo recibo con
mayor confianza, porque ahora me da lugar para nadar por mi fe, y mi
alma se baña en el gran mar de la sabiduría de Dios, orando, “Creo,
ayuda mi incredulidad.”
Dejen que se diga una y otra vez, que no habrá duda acerca de este
asunto, que si hay algún consuelo que se puede derivar del evangelio; si
hay alguna dulce consolación que fluye de las invitaciones libres y los
mandamientos universales de la verdad divina, todos los cuales se pueden
recibir y ser gozado de parte de usted, mientras usted mantiene esta
doctrina de la soberanía divina tal como si no la mantuviera, y
recibiera algún proyecto mas amplio. Yo pienso que oigo una voz que
dice, “Señor el único consuelo que yo puedo tener descansa en
el infinito valor de la sangre de Cristo; O señor, me parece una
cosa tan dulce que no hay ningún pecador tan negro que Cristo no pueda
lavar sus pecados, y ningún pecador tan viejo que la sangre eficaz de
aquella expiación no pueda ser suficiente en su caso – no hay ninguno en
ningún rango o en cualquier condición que aquella sangre no pueda
limpiarle de todo pecado. Ahora, señor, si esto es verdad, ¿como puede
la doctrina de elección ser verdad?” Mi querido amigo, usted sabe en su
propio corazón que las dos cosas no se oponen en ninguna forma. Porque,
¿Qué dice la doctrina de elección? Dice que Dios ha escogido y salvado a
algunos de los pecadores mas grandes que jamás han vivido, ha limpiado a
algunos de los pecados mas horribles que jamás se han cometido, y que el
lo está haciendo y lo hará de la misma forma hasta el fin del mundo. Así
que las dos cosas concuerdan
exactamente. Y yo me aventuraré a decir que si en la plenitud del
corazón del hombre, el diga, “No hay pecado sino solamente aquel pecado
exceptuado, que no se puede perdonar,” si él confiadamente anuncia que,
“todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres”, y si
ruega con poder y sinceridad que las almas vengan a Cristo ahora y echen
mano de la vida eterna, él puede regresar a su Biblia, y puede leer cada
texto que enseña la soberanía de Dios y cada pasaje que respalda la
elección divina; y él puede sentir que todos estos textos le miran
a la cara y dicen, “Bien hecho, nuestro espíritu y tu espíritu
son precisamente iguales; no tenemos ningún conflicto el uno con el
otro; nosotros somos las dos grandes verdades que vienen del mismo Dios;
y los dos somos revelación del Espíritu Santo.” Pero dejamos este punto.
Si hay algún consuelo, pecador, que usted puede sacar verdaderamente y
correctamente de cualquier pasaje de Escritura, de alguna promesa de
Dios, de alguna invitación, de alguna puerta abierta de misericordia,
usted puede tenerlo, porque la doctrina de elección no le roba ningún
átomo de la consolación que la verdad de Dios puede permitirle.
II.
Pero ahora será tomado otro punto por un momento. Nuestra segunda cabeza
es que ESTA DOCTRINA TIENE UN EFECTO MUY SALUDABLE SOBRE LOS PECADORES.
Estos se pueden dividir en dos clases: los que están
despertados, y los que están
endurecidos e
incorregibles.
Para
el pecador despertado, segunda
a la doctrina de la cruz, la doctrina de la gracia distinguidora es
quizás la doctrina más cargada de bendiciones y consuelo. En primer
lugar, la doctrina de elección, aplicada por el Espíritu Santo,
mortifica para siempre todo
esfuerzo de la carne. El fin de la predicación arminiana es hacer
activos a los hombres, excitarles a que hagan lo que puedan; pero el
mero fin y objeto de la predicación del evangelio es hacer a los hombres
sentir que no tienen ningún poder propio, y postrarlos como muertos, al
pie del trono de Dios. Buscamos bajo Dios, hacerles sentir que toda su
fuerza tiene que descansar en el Fuerte quien es potente para salvar. Si
yo puedo convencer a un hombre de esto, déjenle que haga lo que pueda,
él no se puede salvar; si yo puedo demostrarle que sus propias oraciones
y lagrimas no le pueden salvar aparte del Espíritu de Dios; si yo le
puedo convencer que tiene que nacer de nuevo de arriba; si le guío a ver
que todo lo que nace de la carne es carne, y solo lo que nace del
espíritu es espíritu, ¡Hermanos! tres partes de la gran batalla ya se
han ganado. “Yo hago morir, y yo hago vivir;” dice Dios: “cuando un
hombre es matado la mitad del trabajo ya se hizo.” “Yo hiero, y yo sano;
cuando un hombre es herido su salvación se comienza.” ¡Que! ¿Debo de
poner a un pecador que labore diligentemente para la vida eterna por
medio de sus propias obras? Entonces verdaderamente yo soy un embajador
del infierno. ¿Debo de enseñarle que hay una bondad en él que él debe
evolucionar, pulir, y educar, y perfeccionar, y así para salvarse?
Entonces yo soy un maestro de los elementos mendigos de la ley y no del
evangelio de Cristo. ¿Debemos de demostrar que las oraciones del hombre,
sus arrepentimientos, y sus humillaciones son el camino de salvación? Si
es así, ¡que renunciemos la justicia de Cristo ahora mismo, porque las
dos jamás podrán concordar![24]
¡Soy un travieso si excito las actividades de la carne en vez de apuntar
a los brazos del Redentor! Pero si el martillo potente de la elección
soberana desmenuza el cerebro de todas las obras del hombre, méritos,
hechos, y voluntades, mientras pronuncia sobre el cadáver muerto esta
sentencia: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de
Dios que tiene misericordia.” Entonces ya se hizo lo mejor que se pueda
hacer para un pecador, que es como una piedra para pisar al acto de fe.
Cuando un hombre es destetado de sí mismo, y es rescatado totalmente de
mirar a la carne para ayuda, hay esperanza para él: y esta doctrina de
soberanía divina lo hace por el poder del Espíritu Santo.
También esta doctrina da la mayor
esperanza al pecador verdaderamente despertado. Usted sabe como está
el caso. Todos nosotros somos prisioneros condenados a morir. Dios, como
soberano, tiene el derecho de perdonar al que quiere. Ahora, imagine un
número de nosotros encerrados en una cárcel condenada, todos culpables.
Uno de los asesinos dice dentro de sí: “Yo sé que no tengo ninguna
esperanza de ser soltado. No soy rico: si yo tuviera alguna relación
rica, tal como George Townley[25],
me encontrarían loco, y sería soltado. Pero yo soy muy pobre; no soy
educado. Si yo tuviera la educación que tienen algunos hombres, podría
esperar alguna consideración. Yo no soy un hombre de rango y posición;
yo soy un hombre sin mérito e influencia, entonces no puedo esperar que
sea uno de los elegidos para salvarse.” No, yo creo que si las
autoridades presentes de nuestra tierra fueran las personas
consideradas, un hombre que es pobre tuviera una oportunidad muy pobre
de esperar ser soltado gratuitamente. Pero cuando Dios es el gran
soberano el caso es diferente. Porque entonces argumentamos así: “Aquí
estoy; mi salvación depende enteramente de la voluntad de Dios: ¿Hay una
oportunidad para mi? Tomamos una lista de los que El ha salvado, y
encontramos que el salva al pobre, analfabeto, malvado, el que no tiene
a Dios, y el peor de los peores, las cosas viles, y las cosas
despreciadas. Pues, ¿Qué decimos? Entonces, ¿Por qué no me escogerá a
mí? ¿Por qué no me salvará? Si yo he de buscar alguna razón en mí mismo
de porque debo de ser salvo, nunca encontraré ninguna, y
consecuentemente nunca tendré una esperanza. Pero si busco ser salvo por
ninguna razón sino que Dios me quiere salvar, ¡ah! Entonces hay
esperanza para mí. A mi me gusta el enfoque del Rey cortés, yo haré como
él me pide, confiaré en su amado Hijo, y seré salvo.” Así que esta
doctrina abre la puerta de esperanza al peor de los peores, y los únicos
que desanima son los fariseos, quienes dicen: “Dios, te doy gracias
porque no soy como los otros hombres” – aquellos espíritus orgullosos y
altéranos que dicen: “¡No! ¡Si no me salvo por algo bueno en mí,
entonces seré condenado!” serán condenados con venganza también.
Además, no ven mis queridos amigos, como
la doctrina de elección consuela
al pecador en el asunto de poder. Su queja es, “Yo encuentro que no
tengo ningún poder para creer; yo no tengo ningún poder espiritual de
ninguna clase.” La elección se agacha y susurra en su oído – “Pero si
Dios quiere salvarlo, él da el poder, da la vida, y da la gracia; y
entonces porque él ha dado este poder y potencia a otros tan débiles
como tú, ¿por qué no a ti? Ten valor, mira a la cruz de Cristo y vive.”
Y ¡oh! Que emociones de gratitud,
que palpitas de amor causa
esta doctrina en los corazones humanos. “Pues,” dice el hombre, “yo soy
salvo simplemente porque Dios quiere salvarme, no porque me lo merecí,
sino porque su corazón amante quería salvarme; entonces, yo le amaré, yo
viviré para él, yo gastaré y me gastaré a mí mismo para él.” Tal hombre
no puede ser orgulloso, quiero decir, no de acuerdo con la doctrina. El
queda postrado humildemente a
los pies de Dios. Otros hombres tal vez se jacten de lo que son, y como
tienen la vida eterna por medio de su propia bondad, pero yo no puedo.
Si Dios me hubiera dejado, yo estaría en el infierno con los otros; y si
voy al cielo, he de arrojar mi corona a los pies de la gracia que me
llevó allá. Tal hombre será bondadoso a otros. Él se agarrará de sus
opiniones, pero no se las agarra en forma salvaje, ni las enseñará
amargamente, porque él dirá, “Si tengo una luz que otros no tengan, mi
luz se me fue dada de Dios, entonces, no tengo razón de enaltecerme. Yo
intentaré a esparcir aquella luz, pero no a través de enojo y abuso.
¿Por qué debo de culpar a los que no pueden ver? Porque ¿pude yo haber
visto si Dios no me hubiera abierto mis ojos ciegos? Esta doctrina
adopta cada virtud y mata cada vicio cuando el Espíritu Santo la usa.
Pisotea al orgullo bajo su pie, y aprecia una confianza segura y humilde
en la misericordia de Dios en Cristo, como a un niño querido.
Mi
tiempo se acabó; pero quisiera haber dicho una palabra acerca del efecto
de este evangelio sobre los
pecadores incorregibles. Yo solamente diré esto: yo sé que debe de
ser el efecto. Pero ¿que dicen ustedes que han propuesto en su mente no
arrepentirse, ustedes que no tienen cuidado de Dios? Es que ustedes
creen que en cualquier día que usted quiere, usted puede volverse hacia
Dios, porque Dios es misericordioso, y lo salvará; y entonces usted
camina por el mundo tan cómodo posible, pensando que todo depende de
usted, y que usted entrará al cielo justo a la undécima hora. ¡Ah!
Hombre, esto no es su caso. Vea donde está. ¡No ve la polilla que está
aleteando en mi mano! Imagine que está ahí. Con este dedo mío la puedo
machucar – en un momento. Que si vive o no, depende absolutamente de que
si quiero machucarla o soltarla. Esto es precisamente su posición en
este momento presente. Ahora Dios puede condenarlo. Deje que le digamos,
“Su posición es peor que esto.” Hay algunas siete personas ahora
condenadas en alta mar por asesinato y piratería. Usted puede decir
claramente que sus vidas dependen del agrado de Su Majestad. Si Su
Majestad escoge perdonarlas, ella puede. Si no, cuando venga la mañana
fatal, se quitará el tornillo y se lanzarán a la eternidad. Este es su
caso pecador. Usted ya es
condenado. Este mundo es una celda grande y condenada en la cual
usted está guardado, hasta que venga la mañana de la ejecución. Si usted
jamás será perdonado, Dios tiene que hacerlo. Usted no se puede escapar de él por vuelo;
usted no le puede sobornar por medio de acciones propias. Usted está
absolutamente en la mano de Dios, y si él le deja donde usted está y
como usted está, su ruina eterna es tan segura como su existencia.
Ahora, ¿No trae esto alguna clase de temblor sobre usted? Quizás no; le
hace enojar. Pues si así lo hace, esto no me asustará, porque hay
algunos de ustedes que no servirán para nada hasta que estén enojados.
Yo no creo que sea una señal mala cuando algunas personas se enojan con
la verdad. Demuestra que la verdad les ha traspasado. Si una flecha
traspasa mi carne, no me gusta la flecha, y si usted lucha y da patadas
contra esta verdad, no me alarmará; tendré alguna esperanza de que se
haga una herida. Si esta verdad le provoca a pensar, le habrá hecho para
algunos de ustedes una de las cosas más grandes en el mundo. No es su
pensar perverso que me asusta; es que usted siga sin ni pensarlo en el
mismo camino. Si usted tuviera suficiente sentido para considerar estas
cosas y luchar contra ellas, entonces tendré un poco de esperanza de
usted. ¡Pero ay! Muchos de ustedes no tienen suficiente sentido, usted
dice, “Si, si, es verdad,” usted lo acepta, pero no le trae ningún
efecto. El evangelio se le escurre como aceite sobre un pedazo de
mármol, y no produce ningún efecto.
Si
usted está bien en su corazón, usted comenzará a ver cual es su estado,
y lo siguiente que asustará a su mente será la reflexión: “¿Es verdad?
¿Estoy absolutamente en las manos de Dios? ¿El puede salvarme o
condenarme según él quiere? Entonces clamaré a él, ‘¡O Dios, sálvame de
la ira venidera – del tormento eterno – del destierro de su presencia!
¡Sálvame, O Dios! ¿Qué quiere que yo haga? ¡Oh! ¿Qué quiere que yo haga
para que encuentre su favor y viva?’” Entonces le llega la respuesta: -
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”, porque “todo aquel que en
él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
O
que Dios bendiga esta doctrina divina para usted. Yo nunca he predicado
esta doctrina sin que haya conversiones, y creo que nunca lo haré. En
este momento Dios causará que su verdad atraiga su corazón a Jesús, o
que le asuste hacia él. Que usted sea traído como el pájaro es atraído
por un señuelo[26],
o que usted sea perseguido como una paloma es cazada por un halcón hacia
las grietas de la piedra. Solamente que usted sea compelido[27]
dulcemente a venir. Que mí Señor cumpla este deseo de mi corazón. O que
Dios me otorgue sus almas de alquiler; y que a él sea la gloria, mundo
sin fin. Amen.
[1]
Significa “Preeminencia, superioridad
jerarquía.”
[2]
Significa “Excelencia no superada en
cualquier orden inmaterial.”
[3]
Sufragio es “Voto, manifestación de la voluntad de uno.”
[4]
Esta palabra significa “como un tirano”
[5]
Significa “un procedimiento libre”
[6]
Otras posibles traducciones serán “Nos hemos
desgraciado”, o “Nos hemos acusado”
[7]
Significa “Recurrir a juez o tribunal
superior para que enmiende o anule la sentencia dada por el
inferior.”
[8]
Significa “Privilegio, gracia o extensión de
que uno goza.”
[9]
Significa “Cometer, consumar”
[10]
Es una droga
[11]
Es un lugar bíblico
[12]
Significa una persona moralmente reprensible,
o sea una persona mala.
[13]
El tema de que habla Spurgeon es el tema de
la elección.
[14]
Significa “Atribuir a otro una culpa, delito
o acción”
[15]
Romanos 9:14
[16]
Romanos 9:22 - 24
[17]
Significa “Combatir, refutar”
[18]
Significa “Afirmar,
asegurar, aseverar”
[19]
“…el justo” sigue el texto de Spurgeon
[20]
Este termino se refiere a un hermano que
piensa que se puede salvar según su propia voluntad
[21]
Significa “Diferencia que resulta al comparar
las cosas entre sí”
[22]
Traducido directamente del texto de Spurgeon.
[23]
Este es un dicho ingles que significa “en una
forma sencilla”
[24]
Se refiere a la justicia del hombre y la
justicia de
Cristo…una traducción literal de esta frase sería “las dos jamás
se podrán parar juntas.”
[25]
Se necesita explicar quien es.
[26]
Significa “Cualquier cosa que sirve para
atraer las aves.”
[27]
Significa “Obligar a uno, con fuerza o por autoridad, a que haga
lo que no quiere.”
Nota: La
mayoría de las definiciones se han tomado del “Diccionario
Enciclopédico Ilustrado Océano Uno.”