
Depravación
Total
La depravación del hombre como resultado de la caída, es
total. Todo hombre nace en este mundo espiritualmente muerto, ciego, y sordo a
las cosas de Dios; el corazón del pecador está gravemente corrupto. Su voluntad
no está libre; está esclavizada a su naturaleza malvada. Así que ha perdido su
habilidad para escoger el bien sobre el mal, en la esfera espiritual. Se
necesita más que la asistencia del Espíritu
para traer el pecador a Cristo – se necesita la
regeneración, por la cual el Espíritu vivifica al pecador y le da una nueva
naturaleza. La fe no es algo
que el hombre contribuye a la salvación, sino que es
una parte del regalo de salvación de Dios – es el regalo de Dios al pecador, no
el regalo del pecador a Dios.
Salmo 51:5, 58:3; Isaías 53:6, 64:6; Jeremías 17:9; Juan
3:3, 8:44;
Romanos 3:10-12, 5:12; Efesios 2:2-3; I Corintios 2:14
Elección
Incondicional
La elección
de parte de Dios, de ciertos individuos para salvación, antes de la fundación
del mundo, descansa solamente en su propia voluntad soberana. Su elección de
pecadores particulares no se basó en una reacción u obediencia prevista de su
parte, tal como fe, arrepentimiento, etc. Al contrario, Dios da fe y
arrepentimiento a cada individuo quien Él seleccionó. Estos hechos son los
resultados, no la causa, de la elección de Dios. Así que, la elección no se
determinó ni se condicionó sobre ninguna cualidad virtuosa o hecho previsto en
el hombre. Los que Dios eligió soberanamente, Él trae por el poder del Espíritu
a una aceptación de Cristo. Así que la elección de Dios del pecador es la causa
suprema de la salvación, y no la elección del pecador de Cristo.
Deuteronomio
7:6-7; Isaías 55:11; Juan 6:44, 15:16; Hechos 13:48;
Romanos 8:28, 9:11-13; II Timoteo 1:9
Expiación
Limitada
La muerte de Cristo fue una
perduración sustitutiva de la pena del pecado en lugar de
ciertos pecadores
especificados. La obra redentora de Cristo tuvo
la intención de salvar solamente a los elegidos (los que el Padre le había dado)
y aseguró en realidad su salvación para ellos. La redención de Cristo aseguró
todo lo necesario para la salvación de los elegidos, incluyendo la fe que los
une a Él. Los elegidos son el objeto único de la gracia salvadora de Dios.
Mateo 1:21,
20:28; Juan 10:14-18, 17:9; Hechos 20:28;
Romanos 5:8-9; Tito 2:14; Apocalipsis 5:9
Gracia
Irresistible
En adición al
llamado externo de salvación que se hace a todos los que oyen el evangelio, el
Espíritu Santo extiende a los elegidos, un llamado interno especial, que
inevitablemente les lleva a la salvación. El llamado externo (hecho sin
distinción) puede ser rechazado tal como frecuentemente lo es; pero el llamado
interno (hecho solo a los elegidos) no puede ser rechazado; siempre resulta en
conversión. Por medio de este llamado especial, el Espíritu irresistiblemente
atrae a los pecadores a Cristo. Él no es limitado por la voluntad del hombre, ni
depende de la cooperación del hombre para éxito. El Espíritu gentilmente causa
que los pecadores elegidos participen, crean, se arrepientan, y que vengan
libremente y voluntariamente a Cristo. Así que la gracia de Dios es invencible;
nunca falla en resultar en la salvación de los a quienes se extiende.
Ezequiel
11:19-20; Juan 6:37; Romanos 8:30; Colosenses 2:13;
Santiago 1:18; Tito 3:5
Preservación
de los Santos
Todos los que fueron elegidos por Dios, redimidos por
Cristo, y reciben la fe por medio del Espíritu son salvos eternamente. Ellos son
guardados en fe por el poder del Dios Todopoderoso y así perseveran hasta el
final. Así que la salvación depende enteramente de Dios que ha propuesto salvar
a los que dio a su Hijo querido. Su salvación no se puede perder jamás. Los
elegidos son guardados por el poder de Dios por medio de la fe, y nada les puede
separar de su amor. Ellos han sido sellados con el Espíritu Santo quien se nos
ha dado como garantía de su salvación, y así se les asegura su herencia eterna.
Esta doctrina no mantiene
que todos los que profesan la fe cristiana están
seguros del cielo. Muchos de los que profesan y luego “caen” no caen de gracia;
nunca estaban en la gracia. Creyentes verdaderos caen en varias tentaciones y
cometen pecados gravosos, pero estos pecados no les causa perder su salvación o
separarles de Cristo.
Isaías
43:1-3; Jeremías 32:40; Romanos 8:35-39; Efesios 1:13-14;
I Tesalonicenses 5:23-24; Judas 24-25
Conclusión
La salvación se lleva a cabo por el
poder todopoderoso de la Trinidad. El Padre escogió a un pueblo, el Hijo murió
por ellos, y el Espíritu Santo hace efectiva a la muerte de Cristo por medio de
traer a los elegidos a fe y arrepentimiento, así causándoles que obedezcan
voluntariamente al evangelio. El proceso entero de elección, redención, y
regeneración es la obra de Dios y es solo por su gracia. Así que Dios,
no el hombre, determina
quienes serán los recipientes del regalo de salvación.
Juan 1:12-13,
15:16; Romanos 9:14-16; Efesios 1:12-14

"Solo a Dios la Gloria"